
Duda.
No descuida ni un camino, ni un mal el paso.
Sigue lenta, agazapada como sombra al medio día a los pies de una cuestión. A cada paso se camufla de nuevo; sutil se descubre ante los ojos que, esquivos o no, disimulan la ausencia de su presencia, la esencia de su constancia impertérrita y deseada.
La última ahora es la primera y la primera aun permanece con la fuerza que le presté, que me robó sutil y descarada aprovechando aquella grieta, generando la fisura que me deja en el peor de los lugares, en la frontera de la indecisión, al pie de la quietud.